El embarazo altera el vello de formas que sorprenden. Muchas mujeres notan pelo nuevo en la línea alba, el mentón o las areolas, y otras ven cómo el que ya tenían se vuelve más grueso. Es el efecto de los estrógenos y la progesterona sobre el ciclo del pelo, y en la mayoría de casos se normaliza meses después del parto.
Por eso, y por prudencia, los centros serios no aplican láser durante el embarazo ni en la lactancia. No hay evidencia de daño, pero tampoco de seguridad, y además el resultado sería pobre: tratar folículos que están cambiando por las hormonas es tirar sesiones.
El momento de retomar es cuando el ciclo hormonal se ha estabilizado, normalmente entre tres y seis meses después de terminar la lactancia. Conviene una valoración nueva aunque ya se hubiera hecho láser antes: el fototipo puede haber cambiado por el melasma, y el mapa de vello también.
Sobre qué zonas tratar primero, la depilación láser femenina tras la maternidad suele centrarse en la línea alba, el abdomen y las ingles, que son las que más cambiaron. Una buena clínica explicará por qué las zonas hormonales, como el mentón, pueden necesitar más sesiones y algún repaso anual.
Y una cosa importante para las madres recientes: el láser no interfiere con nada, no requiere reposo y una sesión de ingles o axilas cabe en la media hora que dura una siesta. Es de los pocos cuidados personales que no exigen organización.
